Los diamantes creados en laboratorio son una alternativa moderna y sostenible frente a los diamantes naturales extraídos de una mina. Tienen la misma composición química (carbono puro), estructura cristalina y las mismas propiedades físicas como dureza, brillo y refracción de la luz.
Esto significa que, a nivel técnico y visual, son indistinguibles incluso para los expertos sin el uso de equipos especializados.
Como ocurre con cualquier innovación, los cambios necesitan tiempo para ser aceptados y por eso pasaran años hasta que los diamantes se instalen en la sociedad actual y consigan un porcentaje amplio del mercado total del diamante.
Sin embargo, lo más razonable es pensar que ambos tipos de diamantes coexistirán, ofreciendo alternativas distintas para diferentes perfiles de consumidores: aquellos que valoran la procedencia natural y quienes priorizan la sostenibilidad, la ética o el precio.
Ante la continua pregunta de: “¿Son los diamantes creados en laboratorio diamantes reales?
La única respuesta válida es “SÍ, lo son”.
Los diamantes creados en laboratorio se denominan también diamantes sintéticos. Este término da a lugar a confusión ya que el término “sintético” puede llevar a pensar que los diamantes producidos en laboratorio son falsos.
La diferencia entre un diamante creado en laboratorio y uno natural está en el ORIGEN. Uno está creado por la mano del hombre en un laboratorio utilizando tecnología de vanguardia y el otro está formado por la naturaleza sin intervención humana.
Los diamantes sintéticos o hechos en laboratorio NO son circonitas cúbicas. Mientras las circonitas son una imitación del diamante y están compuestas de óxido de zirconio, los diamantes creados tienen las mismas propiedades físicas y químicas de un diamante extraído (carbono puro).
